El cuento que hemos elegido en mi grupo ha sido Pulgarcito y hemos hecho una adaptación a una época más moderna, cambiando el origen de los personajes y la trama, ahora se llama Taponcita, y en vez de ser un niño, es una niña de África.
Aquí os dejo la adaptación del cuento:
Taponcita
Nuestra historia comienza
en una gran casa situada a las afueras de un pueblo llamado
Villapetardo, allí
vivían siete niños de diferente edades y nacionalidades. Todos
ellos tenían una cosa en común: no tenían ni papás ni mamás,
eran huérfanos, pero a pesar de ello eran muy felices allí, se
sentían muy queridos.
Un buen día llegó un
nuevo miembro a la casa, era una niña africana de cinco años
llamada Bobsia, era muy pequeña y regordeta, siempre con una gran
sonrisa en la boca para regalar a todos. Ningún niño sabía
pronunciar bien su nombre, así que las gemelas, Julia y Ángela,
decidieron llamarla cariñosamente “Taponcita”, por su
apariencia. Enseguida hizo buenos amigos allí, le gustaba jugar al
escondite con Mohamed y Zoraida, y hacer pastelitos de chocolate y
avellana junto a Celeste, la cocinera, y Yan. Además, ayudaba a
Emilio en sus tareas porque este era ciego.
Cierto día, mientras
jugaban, imaginaban cómo sería tener una familia. Mohamed habló:
- ¡Chicos!, ¿por qué no vamos al pueblo a hablar con el alcalde y pedirle una familia para cada uno?
- ¡Buena idea!- Dijeron las gemelas.
Todos pusieron rumbo hacia
el ayuntamiento. Taponcita, precavida, fue dejando pinzas de la ropa
para no perderse por el camino.
No fue fácil llegar,
primero fueron a la peluquería del pueblo, luego a la biblioteca y
finalmente llegaron al ayuntamiento. Entraron dentro del ayuntamiento
y preguntaron por el alcalde. El alcalde no quería atenderlos,
dentro de su despacho se escuchaba una voz malhumorada diciendo:
- ¡No quiero ver a ningún niño! ¡No tienen nada interesante que decir!
Cabizbajos y tristes,
salieron del ayuntamiento. Una anciana que pasaba por allí, los vio
y les preguntó:
- Chiquillos, ¿qué os pasa?
Taponcita contestó:
- Señora, hemos venido a buscar una familia pero el alcalde no quiere ni vernos ni escucharnos.
- ¡Pero si hay muchas familias que quieren tener hijos! Mi hija intentó adoptar un hijo pero el alcalde le dijo que primero tenía que encontrar un marido.
Los niños pensaron que no
podía quedar el tema así. Pasadas unas semanas, volvieron todos
junto a la anciana y su hija, y otras familias que no podían
adoptar.
De repente, entraron todos
juntos al despacho del alcalde y le obligaron a escuchar.
- Alcalde, queremos una familia y hasta que todos no tengamos una, no nos iremos de aquí. –Dijo Yan.
- No quiero saber nada, ¡fuera de aquí! Estos niños tienen que tener un papá y una mamá, si no es así ¡marchaos!-Dijo el alcalde enfadado.
Carmen, la hija de la
anciana, habló:
- Señor alcalde, no estamos de acuerdo con usted, no todas las familias tienen que tener un papá y una mamá, lo único que se necesita para formar una familia es amor.
Las palabras de Carmen
conmovieron al alcalde e hicieron que se diera cuenta de que estaba
equivocado. En ese mismo momento, decidió asignar a cada familia un
niño, aunque eso no hizo falta, cada familia supo desde el primer
momento cuál era su hijo, encontrando, así, el mayor tesoro de sus
vidas.
Las gemelas Julia y Ángela
encontraron a sus mamás Lura y Lorena; Emilio fue feliz junto a
Isidoro y Mónica; Zoraida encontró el cariño en Luis y Manolo; Yan
y Mohamed fueron felices con Antonio y su perro Pluto.
Finalmente, Taponcita se
quedó con Carmen y la madre de esta, ahora su abuela.
Todos fueron muy felices
ya que el mayor tesoro que podían haber encontrado era una familia
que les diera amor y cariño.
Y, colorín colorado,
quien no levante el culo se le queda pegado.

